La disfunción eréctil (DE) no es simplemente un episodio incómodo en el dormitorio, ni tampoco es un inevitable “precio de la edad”, como todavía se describe a menudo en las conversaciones informales. En la medicina moderna, la disfunción eréctil es un trastorno formalmente reconocido en el que un hombre no puede lograr o mantener una erección suficiente para mantener relaciones sexuales satisfactorias. Y lo que es más importante, su impacto va mucho más allá de la actividad sexual: afecta a la autoestima, a las relaciones íntimas y, lo que es más importante, suele ser un indicador precoz de una enfermedad cardiovascular subyacente.
La mayoría de los hombres experimentan al menos una situación en su vida en la que “las cosas no salen según lo planeado”. La fatiga, el estrés, el consumo de alcohol o un día especialmente difícil pueden interferir temporalmente en la respuesta sexual normal del organismo. Un episodio único y aislado de este tipo no indica, por sí mismo, disfunción eréctil. Sin embargo, cuando los problemas de erección empiezan a repetirse, las erecciones se vuelven débiles o inestables, aparece la ansiedad sobre el futuro rendimiento sexual y la intimidad empieza a sentirse más como una prueba que como una fuente de placer, ya no es algo que se pueda ignorar. En esta fase, resulta esencial comprender la causa subyacente.
En las búsquedas en Internet, muchos hombres describen estas preocupaciones como “problemas de erección”, “problemas de rendimiento sexual” o buscan información sobre “signos tempranos de impotencia” Sin embargo, desde una perspectiva médica, estos términos suelen referirse a la misma afección clínica: la disfunción eréctil.
Contenido
- Qué significa la disfunción eréctil para médicos y pacientes
- Prevalencia de la disfunción eréctil
- Por qué se desarrolla la disfunción eréctil: Causas principales
- Quién está en riesgo: factores que aumentan la probabilidad de sufrir problemas de erección
- Síntomas precoces: Cambios a los que debe prestar atención
- La disfunción eréctil como marcador precoz de enfermedades cardiacas y vasculares
- Cómo se realiza el diagnóstico: Qué suele hacer un médico
- ¿Puede tratarse la disfunción eréctil? El papel de los medicamentos
- Qué hacer si nota signos de disfunción eréctil
- ¿Puede prevenirse la disfunción eréctil?
- Respuestas breves a preguntas frecuentes
- Referencias
Qué significa la disfunción eréctil para médicos y pacientes
Desde una perspectiva clínica, la disfunción eréctil (DE) se define como una incapacidad persistente o que se repite con regularidad para lograr y/o mantener una erección suficiente para mantener relaciones sexuales satisfactorias, a pesar de la presencia de deseo sexual y de una estimulación adecuada.
En el lenguaje cotidiano, todavía se utiliza con frecuencia el término “impotencia”, o los hombres hablan de “problemas de potencia”. Al notar los primeros cambios, muchos los describen como “primeros signos de impotencia”. Sin embargo, este término se considera anticuado y estigmatizante en la práctica médica profesional. El término clínico disfunción eréctil es mucho más preciso: no juzga la masculinidad ni la adecuación sexual, sino que describe una disfunción fisiológica y/o psicológica específica -problemas de erección que puede evaluarse, comprenderse y, en muchos casos, tratarse con éxito.
La erección es el resultado de una compleja interacción entre el sistema nervioso, los vasos sanguíneos, las hormonas y los factores psicológicos. El cerebro debe procesar la estimulación sexual y transmitir señales a través del sistema nervioso; los vasos sanguíneos deben dilatarse para permitir un flujo sanguíneo suficiente hacia el tejido eréctil del pene; el equilibrio hormonal debe favorecer la libido y la capacidad de respuesta de los tejidos; y los factores psicológicos no deben interferir a través de la ansiedad o el miedo. Cuando se produce una alteración en cualquiera de estos niveles, un hombre puede empezar a notar que sus erecciones son más débiles, menos estables o desaparecen por completo.
Prevalencia de la disfunción eréctil
Según amplios estudios epidemiológicos, los trastornos eréctiles se encuentran entre las disfunciones sexuales masculinas más frecuentes, y su prevalencia aumenta con la edad. En los varones menores de 40 años, la disfunción eréctil clínicamente significativa se observa en aproximadamente 2-5%, aunque se notifican con mucha más frecuencia episodios aislados de erecciones débiles o inconsistentes. En el grupo de edad de 40-70 años, los problemas eréctiles persistentes ya están presentes en 40-50% de los hombres, y después de los 70-80 años, las tasas de prevalencia pueden alcanzar 70-80%, dependiendo del estudio.
Es importante destacar que la edad actúa como amplificador del riesgo, no como única causa. Los hombres más jóvenes también pueden experimentar disfunción eréctil, sobre todo en el contexto de estrés crónico, depresión, abuso de alcohol o sustancias, trastornos hormonales o enfermedades sistémicas graves. Por el contrario, en los hombres mayores con buena salud vascular, presión arterial y niveles de glucosa en sangre bien controlados, peso corporal normal y un estilo de vida activo, la función sexual suele persistir mucho más tiempo de lo que se suele suponer.
Otro punto importante es que la prevalencia real es probablemente mayor de lo que sugieren las cifras oficiales. Muchos hombres dudan en hablar de sus problemas de erección incluso con un médico, y mucho menos en notificarlos de forma que queden reflejados en las estadísticas epidemiológicas.
Por qué se desarrolla la disfunción eréctil: Causas principales
Resulta útil considerar la erección como el resultado de un trabajo en equipo coordinado entre varios sistemas: vascular, nervioso, hormonal y psicológico. La disfunción en cualquiera de estos niveles puede dar lugar a un flujo sanguíneo insuficiente, un flujo venoso excesivo o el fracaso total de la respuesta sexual central. Por este motivo, las causas de la disfunción eréctil son casi siempre multifactoriales y rara vez se limitan a un único desencadenante.
Las causas orgánicas o físicas más frecuentes son las enfermedades cardiovasculares y la aterosclerosis, en las que las arterias que irrigan el pene se estrechan debido a las placas ateroscleróticas y son incapaces de proporcionar un flujo sanguíneo adecuado. Otros factores importantes son la diabetes mellitus, que daña los vasos sanguíneos pequeños y los nervios y reduce la sensibilidad; la hipertensión arterial y la dislipidemia (colesterol “malo” elevado), que aceleran la lesión vascular; así como la obesidad y el síndrome metabólico, que provocan resistencia a la insulina, inflamación crónica y desequilibrio hormonal. Las afecciones neurológicas -como un ictus previo, una lesión medular o la esclerosis múltiple- también influyen, al igual que las consecuencias de la cirugía pélvica o la radioterapia. Tras una prostatectomía radical o radioterapia por cáncer de próstata, el riesgo de disfunción eréctil persistente aumenta significativamente.
Los trastornos hormonales merecen especial atención. La deficiencia de testosterona, el hipotiroidismo grave y los niveles elevados de prolactina pueden reducir la libido, afectar negativamente al estado de ánimo, contribuir a la fatiga y a la pérdida de masa muscular y, en conjunto, mermar la capacidad del organismo para responder a la estimulación sexual. En estos casos, corregir el desequilibrio hormonal subyacente puede ser un paso clave para restablecer la función sexual normal, y los medicamentos utilizados para mejorar las erecciones -sildenafilo, tadalafilo, vardenafilo y avanafilo - suelen funcionar notablemente mejor una vez normalizados los niveles hormonales.
No deben subestimarse las causas psicológicas. En algunos hombres, los parámetros vasculares y hormonales pueden estar relativamente preservados, pero los factores psicológicos pulsan efectivamente un “botón de parada”. La ansiedad por el rendimiento, el miedo al fracaso, la depresión, el estrés crónico, los conflictos en las relaciones, las experiencias sexuales negativas o los sentimientos de vergüenza y culpa pueden interferir en la excitación sexual normal. Un rasgo característico de estas situaciones es la conservación de las erecciones espontáneas matutinas o nocturnas, mientras que los problemas surgen principalmente durante las situaciones de “alta presión”, cuando el hombre se evalúa a sí mismo, teme decepcionar a su pareja y controla continuamente su rendimiento sexual.
Por último, existen factores relacionados con la medicación y el comportamiento que no siempre se reconocen como causas pero que aumentan significativamente el riesgo de disfunción eréctil con una exposición prolongada. Ciertos antidepresivos, antipsicóticos, agentes antiandrogénicos y algunos antihipertensivos pueden alterar la erección como efecto secundario. El tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, el consumo de drogas, la privación crónica del sueño y un estilo de vida sedentario crean un trasfondo de disfunción vascular, presión arterial elevada y alteraciones metabólicas, condiciones que acaban manifestándose como problemas de erección.
Quién está en riesgo: factores que aumentan la probabilidad de sufrir problemas de erección
Los factores de riesgo no son la enfermedad en sí, sino las condiciones en las que la probabilidad de desarrollar disfunción eréctil (DE) aumenta significativamente. Entre ellos se incluyen la edad superior a 40-45 años, el exceso de peso corporal -especialmente la obesidad central (abdominal)-, un estilo de vida sedentario, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, la presencia de diabetes mellitus, hipertensión arterial, niveles elevados de colesterol, trastornos depresivos o de ansiedad diagnosticados, estrés crónico, así como antecedentes familiares de eventos cardiovasculares precoces, como infarto de miocardio o ictus en familiares cercanos a una edad temprana.
Cuantos más de estos factores se acumulen en un individuo, mayor será la probabilidad de que aparezcan cambios inicialmente leves y aparentemente insignificantes: erecciones ligeramente más débiles, mayor tiempo necesario para excitarse o fallos eréctiles ocasionales. Con el tiempo, a menudo en pocos años, estos cambios pueden preceder al desarrollo de problemas de salud más graves, como enfermedad arterial coronaria, alteraciones del ritmo cardiaco o ictus. Para muchos hombres, el verdadero punto de partida de la evaluación médica es el momento en que deciden hablar abiertamente con un médico sobre sus problemas de erección.
Síntomas precoces: Cambios a los que debe prestar atención
La disfunción eréctil rara vez aparece “de la nada”. Lo más habitual es que vaya precedida de un periodo durante el cual el hombre percibe que algo ha cambiado, pero lo atribuye al cansancio, la edad, el estrés o circunstancias desfavorables.
Los síntomas iniciales típicos incluyen erecciones que son notablemente menos firmes que antes, la necesidad de más tiempo o de una estimulación sexual más intensa y desconocida para lograr una erección, una mayor frecuencia de pérdida eréctil durante el coito -especialmente al cambiar de posición o durante pausas breves-, una reducción o desaparición de las erecciones matutinas espontáneas y la aparición gradual de tensión persistente y ansiedad anticipatoria antes de cada nuevo encuentro sexual.
Un único episodio aislado no es un criterio de diagnóstico. Sin embargo, si estas situaciones se repiten de forma reiterada y el miedo a que “vuelva a ocurrir” empieza a reforzar el problema, ya es una razón de peso para no posponer una consulta médica.
La disfunción eréctil como marcador precoz de enfermedades cardiacas y vasculares
Es especialmente importante destacar que la disfunción eréctil no es sólo una cuestión de salud sexual, sino también una señal cardiovascular clínicamente significativa. Numerosos estudios han demostrado que los hombres con disfunción eréctil persistente tienen muchas más probabilidades de que se les diagnostique hipertensión, enfermedad arterial coronaria, insuficiencia coronaria subclínica, diabetes mellitus y otras formas de trastornos cardiometabólicos. En particular, las primeras quejas de “erecciones débiles” suelen aparecer varios años antes de la manifestación clínica de angina o infarto de miocardio.
Esta asociación se explica por el pequeño diámetro de las arterias del pene. Los daños vasculares sistémicos, como la aterosclerosis y la disfunción endotelial, tienden a manifestarse primero en los lechos vasculares que son especialmente sensibles a la alteración del flujo sanguíneo. Por lo tanto, un varón que presente problemas eréctiles persistentes, especialmente menor de 60 años y sin una causa psicógena evidente, debe ser considerado como un paciente que requiere no sólo un tratamiento dirigido a mejorar la erección, sino también una evaluación exhaustiva del riesgo cardiovascular. La identificación e intervención tempranas pueden ayudar a prevenir complicaciones graves y potencialmente mortales.
Cómo se realiza el diagnóstico: Qué suele hacer un médico
La primera y más importante herramienta diagnóstica de la disfunción eréctil no es una prueba de laboratorio ni un examen basado en dispositivos, sino una conversación clínica detallada. El médico preguntará cuándo empezaron los problemas, con qué frecuencia se producen, si persisten las erecciones matutinas y nocturnas, si existe alguna relación con situaciones concretas, cómo es la dinámica de la relación, qué medicamentos está tomando ya el paciente y qué afecciones médicas conoce o se le han diagnosticado.
A continuación se realiza una exploración física, que incluye la medición de la altura, el peso, el perímetro de la cintura, la tensión arterial y una evaluación del estado de salud general. Como parte de las pruebas de laboratorio básicas, los médicos suelen solicitar glucosa en sangre y/o HbA1c, un perfil lipídico y testosterona total matutina; si está clínicamente indicado, también pueden evaluarse la prolactina, la TSH y otras hormonas. Cuando es necesario, se añade un ECG y, en algunos casos, se utilizan la ecocardiografía y la prueba de esfuerzo para evaluar la función cardiaca. En los casos más complejos, sobre todo cuando se sospecha una afectación vascular significativa, pueden realizarse ecografías vasculares peneanas y pruebas funcionales especializadas.
El objetivo de todos estos pasos no es simplemente confirmar que “las erecciones están alteradas”, sino determinar qué mecanismos están implicados: vasculares, hormonales, neurológicos, psicológicos o una combinación de varios factores. Esto determina directamente la estrategia de tratamiento e influye en la probabilidad de una mejoría significativa.
¿Puede tratarse la disfunción eréctil y qué papel desempeñan los medicamentos?
La pregunta clave que se hacen casi todos los hombres es: “¿Es esto tratable o va a ser así para siempre?”. En la mayoría de los casos, la respuesta es alentadora: sí: la función eréctil puede mejorar considerablemente y, en algunos casos, restablecerse casi por completo, sobre todo cuando el problema se aborda a tiempo y el tratamiento se dirige tanto a las causas subyacentes como a los síntomas.
Un enfoque terapéutico moderno suele tener varios niveles. El primero consiste en abordar los factores de riesgo y el estilo de vida: reducir peso, dejar de fumar, normalizar la tensión arterial y la glucemia, aumentar la actividad física, controlar el estrés y mejorar la calidad del sueño. El segundo nivel es el apoyo psicológico y, cuando es necesario, la psicoterapia, porque sin reducir la ansiedad y la presión de rendimiento, incluso los medicamentos más eficaces pueden funcionar de forma menos fiable.
El tercer nivel es la terapia farmacológica. Lo más habitual es que los medicamentos de primera línea sean inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5 (inhibidores de la PDE5), comprimidos orales que potencian la respuesta eréctil natural del organismo a la estimulación sexual. Este grupo incluye sildenafilo (ampliamente conocido como Viagra y sus genéricos, como Cenforce, Kamagra, Malegra), tadalafilo(Cialis y genéricos como Tadarise, Vidalista, Tadalis), vardenafil (Levitra, Varditra), y avanafil (Spedra y productos similares como Avaforce, Avana). Estos medicamentos no provocan una erección por sí solos -siguen siendo necesarias la excitación y la estimulación-, pero ayudan a que el músculo liso del tejido eréctil se relaje con mayor eficacia y permita una mejor afluencia de sangre, haciendo que las erecciones sean más estables y predecibles.
Cada molécula tiene sus propias características: sildenafilo (Cenforce) suele actuar durante varias horas y se ve más afectado por la ingesta de alimentos; tadalafil (Tadarise) proporciona una ventana de acción más larga -hasta 24-36 horas- y puede utilizarse en regímenes diarios de dosis bajas; vardenafil (Vilitra) y avanafil (Avaforce) son valorados por algunos pacientes por su inicio relativamente más rápido y su buena tolerabilidad. La elección de la medicación específica, la dosis y el régimen es tarea del médico, teniendo en cuenta la edad, el estado cardiovascular, la medicación concurrente y las preferencias del paciente. Es habitual que un hombre, bajo supervisión médica, pruebe más de una opción -por ejemplo, sildenafilo y tadalafilo- y luego continúe con la que mejor se adapte a su estilo de vida y le proporcione el mayor confort subjetivo.
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En los casos más complejos -cuando la respuesta sigue siendo insuficiente a pesar de haber seleccionado adecuadamente sildenafilo, tadalafilo, vardenafilo o avanafilo- pueden considerarse terapias inyectables (como la administración intracavernosa de agentes como el alprostadilo), dispositivos de vacío o, en la disfunción eréctil orgánica grave, opciones quirúrgicas. Sin embargo, para un gran número de hombres, la combinación de cambios en el estilo de vida, trabajo psicológico y medicamentos orales adecuadamente seleccionados se convierte en la solución que permite recuperar una vida sexual satisfactoria.
Qué hacer si nota signos de disfunción eréctil
Si ha empezado a notar que sus erecciones han cambiado -se han vuelto más débiles, menos estables, fallan con más frecuencia- y los pensamientos sobre el sexo han empezado a asociarse no con la anticipación sino con la ansiedad, es importante que no pase a la evitación y que no busque “soluciones” instantáneas en Internet.
Una secuencia razonable de pasos es la siguiente: en primer lugar, evalúe honestamente la frecuencia y la duración del problema; después revise su estilo de vida -peso, nivel de actividad física, hábitos nocivos, calidad del sueño y niveles de estrés-; tras ello, planifique una cita médica, idealmente con un urólogo o andrólogo. Si padece diabetes, hipertensión o dolor torácico, también es aconsejable consultar a un cardiólogo o endocrinólogo.
¿Puede prevenirse la disfunción eréctil?
La prevención de la disfunción eréctil coincide en gran medida con la prevención básica de las enfermedades cardiovasculares, lo cual no es sorprendente: en ambos casos, los mecanismos subyacentes implican la salud vascular, el equilibrio metabólico y el sistema nervioso.
Mantener un peso corporal saludable, realizar una actividad física aeróbica regular, dejar de fumar, moderar el consumo de alcohol, dormir lo suficiente, controlar el estrés y controlar la tensión arterial, la glucemia y los niveles de colesterol no sólo reducen el riesgo de infarto de miocardio o ictus, sino que también ayudan a preservar la función eréctil normal. Varios estudios han demostrado que en los hombres que pierden peso, aumentan la actividad física y logran un buen control de la diabetes y la hipertensión, la función eréctil puede mejorar incluso sin medicación específica. Además, cuando se utiliza el tratamiento con sildenafilo o tadalafilo, el efecto terapéutico tiende a ser más fuerte y estable en este contexto.
Cuando se añaden revisiones médicas preventivas periódicas -especialmente a partir de los 40 años-, el resultado no es un complejo programa médico, sino un conjunto de acciones realistas y comprensibles que protegen simultáneamente el corazón, los vasos sanguíneos, el cerebro y la salud sexual masculina.
Respuestas breves a preguntas frecuentes
No. Aunque el riesgo aumenta con la edad -especialmente a medida que se acumulan factores de riesgo como la diabetes, la hipertensión, la obesidad, el tabaquismo y el colesterol alto-, la disfunción eréctil también se da en hombres más jóvenes. En este grupo, las causas principales suelen ser factores psicógenos, estrés, depresión y, en algunos casos, trastornos hormonales o vasculares.
No necesariamente. Los episodios aislados o infrecuentes son parte normal de la vida, especialmente durante periodos de sobrecarga, privación del sueño o consumo de alcohol. La razón para buscar consejo médico surge cuando los problemas se vuelven regulares, se repiten repetidamente y persisten durante varios meses.
No. Para algunos hombres, la modificación del estilo de vida, un mejor control de la glucemia y la tensión arterial, dejar de fumar y la terapia psicológica son suficientes, y la necesidad de medicación disminuye o desaparece por completo. Para otros, los medicamentos basados en sildenafilo, tadalafilo, vardenafil, o avanafil convertirse en un apoyo cómodo y seguro a largo plazo. Es importante destacar que no se trata de una “condena”, sino de una de varias herramientas para mantener la calidad de vida.
Los problemas de erección pueden ser la primera manifestación de afecciones subyacentes graves, y los medicamentos tienen contraindicaciones y posibles interacciones farmacológicas. Una consulta médica permite evaluar el estado general de salud, seleccionar la medicación y el régimen más adecuados y, en caso necesario, añadir otros enfoques terapéuticos.
Referencias
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- Salonia A., et al. Guías de la AEU sobre salud sexual y reproductiva. Asociación Europea de Urología, actualización 2024-2025.
- Corona G., et al. Disfunción sexual en la diabetes tipo 2 en el momento del diagnóstico (Estudio SUBITO-DE).
Descargo de responsabilidad
La información proporcionada en este artículo tiene únicamente fines educativos generales y no sustituye a una consulta médica en persona ni a un plan de tratamiento individualizado. Los medicamentos (incluidos sildenafilo, tadalafilo, vardenafilo, avanafilo y otros) tienen contraindicaciones y deben ser recetados por un profesional sanitario cualificado. No se automedique. Este material está destinado a adultos mayores de 18 años.
La disfunción eréctil es frecuente, tratable y a menudo prevenible. También es un marcador precoz de la salud cardiovascular. Una evaluación médica temprana mejora tanto la función sexual como los resultados de salud a largo plazo.









